LA OBESIDAD Y LAS GRASAS

Las grasas de la dieta juegan un papel doble en la aparición de la obesidad.
Por un lado se ha demostrado que su ingestión excesiva provoca incremento de grasa corporal. Quien come grasa en exceso, seguramente va a presentar obesidad.
Por otro lado, un plan nutricional que indica mínimas cantidades de grasas altera el metabolismo, de tal manera que al volver a incluirlas en el menú se presenta obesidad. Dicho de otra forma, si aplico una dieta baja en grasas, a la larga voy a terminar más gordo.
Las grasas deben ser incluidas necesariamente en el menú, ya que al evitarse totalmente se generan además otra serie de alteraciones en el organismo que van desde enfermedades de la piel hasta daño del sistema inmunológico.
Es indispensable comer grasas para curarse de obesidad, por lo que debemos aprender a seleccionar las más saludables para nuestro organismo.
Al igual que los azúcares, existen distintos tipos de grasas y por lo tanto el organismo las maneja de distinta manera, las grasas se han dividido en:
SATURADAS: se encuentran en los animales terrestres y en el aceite de coco.
MONOINSATURADAS: se encuentran en ciertos vegetales como la oliva, y las oleaginosas como nuez y almendras.
POLIINSATURADAS: provienen de varias semillas como el cártamo, maíz, girasol, etc. Muchas especies marinas también contienen aceites poli-insaturados, pues estos no se solidifican en temperaturas bajas.
Nos interesa en forma especial una molécula fabulosa llamada Acido Gama Linoléico que se ha reportado favorece la movilización de grasa corporal, además de mejorar el sistema inmune.
Desafortunadamente al calentar el Ácido Gama Linoléico (o cualquier otro aceite poli-insaturado) se generan radicales libres que pueden dañar al organismo.
Los aceites poli-insaturados sometido al calor, o peor aún los calentados en varias ocasiones (refreír), provocan lesiones severas al organismo: obesidad, cáncer en colon, senos y próstata, aterosclerosis, y por ultimo envejecimiento prematuro.
Por lo tanto idealmente se recomienda ingerir las oleaginosas crudas, y mantener los aceites vegetales fríos para usarlos como aderezo y no para guisar como es la costumbre.
Si desea utilizar aceites vegetales en la preparación de los alimentos, es preferible usar los monoinsaturados (por ejemplo el de oliva y de cánola) pues son estables ante elevaciones importantes y sostenidas de temperatura.
La sobreingestión de grasas saturadas (obtenidas de los animales y el coco), la costumbre de calentar los aceites vegetales poli-insaturados y los malos, hábitos alimenticios (ponerse constantemente a dieta, comer sólo una o dos veces al día, no cenar o reducir drásticamente la ingestión de azúcares) favorece él acumulo de grasa corporal.
Quien desee adelgazar debe ingerir aceite vegetal preferentemente crudo, y disminuir la grasa saturada que incluye en su comida. De nada le servirá reducir azúcares (pan, tortilla, frijoles, etc.) o proteínas (pescados, res, pavo, etc.), pues con las dietas que limitan los alimentos, sólo se logra perder la paciencia y la salud.
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