LA OBESIDAD Y EL ESTRÉS
El estrés mal controlado interfiere con la reducción de peso aun cuando se estén aplicando dietas estrictas de reducción.
El estrés se define por los científicos como la respuesta adaptativa de un organismo ante el estímulo externo. Existen dos tipos de estrés; agudo y crónico.
El estrés AGUDO libera una serie de elementos que provocan la pérdida de grasa corporal. A través de una sustancia llamada adrenalina, moviliza una cantidad importante de grasa, y al mismo tiempo incrementa la actividad basal del organismo. La adrenalina además reduce el apetito. Todo esto provoca que se pierda peso. El estrés agudo es una forma desagradable pero segura de reducir exceso de grasa y músculos.
El estrés CRÓNICO desencadena respuestas adaptativas distintas. Se deja de liberar adrenalina, se reduce el metabolismo basal, y continúa la liberación de otras substancias químicas que favorecen el acumulo de grasa corporal. Unas de ellas son las endorfinas, substancias producidas por nuestro cerebro para mitigar las sensaciones desagradables asociadas al estrés.
Existe una amplia variedad de estímulos liberadores de placer (endorfinas): la actividad física: sexual; la comida (especialmente la grasosa); los estímulos abstractos (los pensamientos).
Quienes mitigan su estrés por medio de ingestión de alimentos ricos en grasa, pueden a la larga provocarse obesidad.
Los que obtienen un gran placer (liberación de endorfinas) por medio de relaciones afectivas satisfactorias en el hogar y el trabajo, actividad física diaria y placer en su quehacer ordinario, no necesitará de las grasas para manejar estrés, y en consecuencia permanecerán esbeltos aún en las situaciones más estresantes.
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